lunes, 14 de junio de 2010

- secuencia de cumpleaños

En Boedo, la solidez de las cosas terminó por ser más relativa que la verdad. Agustina tras la barra de la sala (que está en la calle Castro), y Emiliano junto a la otra cocinando las salchichas mientras lo único que la acompañaban era el brevaje, los ácidos y un cigarro, fueron la evidencia.
La idea había surgido antes, de hecho, pero en noches como la descripta, la fragilidad, lo endeble de la realidad sale a la luz como la verdad más sólida.
En su abanico verborrágico surgieron diferentes puntos poco sólidos. Se habló de los tatuajes en su brazo, de su afición por el rapipago, de seguir en el colectivo (que bien nos informaron, tiene parada en Colombres) y llegar a Ciudad. Claramente (y como siempre, Doc), nada de eso concluyó como era esperado. Agustina bajó en la urgencia de un llamado de pulmón. Escupió con el pelo recogido el mundo gris que había consumido y como una 'manga de ladrones', las pibas volvían de mañana a dormir hasta morir.

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